viernes, 25 de mayo de 2012

La actividad sexual de la mujer y del varón

La actividad sexual del varón

Durante el acto sexual, el pene del varón abandona su estado normal de reposo y pasa a una fase de excitación que culmina en el orgasmo, que es el momento en que segrega el esperma. En el acto sexual masculino se pueden establecer cuatro ciclos: excitación, meseta, orgasmo y resolución.

Excitación

Cualquier estimulo físico externo, como un besos, una caricia o un pensamiento provocado, puede ser suficiente para que el varón alcance un cierto grado de excitación sexual. Estos estímulos se convierten en mensajes que activan el sistema nervioso y se transmiten hasta el área del cerebro donde se interpretan y desde donde se parten nuevos estímulos que ponen en marcha el proceso sexual masculino. Tan pronto como el varón entra en la fase de excitación, su pene abandona el estado de flaccidez. Los vasos de sangres situados en esta zona se expanden y comienzan a recibir mayor cantidad de sangre. Esta fase de excitación no solo se persive en el órgano sexual, sino que se incrementa a sí mismo la presión arterial, aumenta la frecuencia cardíaca y la intensidad respiratoria y la piel se vuelve más sensible, en especial al rededor de las zonas erógenas, por ejemplo: labios y genitales.



Meseta

Durante esta fase, el pene se mantiene completamente erecto y alcanza su máxima longitud y diámetro. Los testículos ascienden, dado que el saco escrotal que los contiene se estira como consecuencia de las erecciones del pene. La acumulación de sangre en la región hace que la cabeza del pene, o blande, adopte un tono más oscuro. En este momento puede producirse una ligera pérdida de líquido seminal. Esto hace, entre otras cosas, que el método del coitus interruptus utilizado como sistema anticonceptivo resulte altamente cuestionable.

Orgasmo

Este ciclo culmina con la eyaculación. Con anterioridad se han producido diferentes procesos internos. Los espermatozoides, que han abandonado los testículos a través de los vasos deferentes, se mezclan con el líquido seminal segregado en las vesículas seminales. Este líquido espermático llega hasta el pene por el mismo conducto que lleva habitualmente la orina. Gracias a las contracciones rítmicas que se producen en el pene, la musculatura uretra expulsa el fluido seminal hacía el exterior.

El cansancio, la depresión, la ansiedad y las tensiones acumuladas son algunos de los peores enemigos de las relaciones sexuales, buena parte de los casos de impotencia y de los casos de eyaculación tienen su origen en el problema psicológico de este tipo. Algunos de otros problemas, como el dolor durante la eyaculación o el temor a no satisfacer plenamente a la pareja, también condicionan la satisfacción sexual.


Resolución

Tan pronto se produce la eyaculación, comienza el proceso inverso de la erección hasta que el pene, y en general todo el cuerpo, abandona el estado de excitación y vuelve a la normalidad. Este proceso no es automático, en ocasiones, y depende de la intensidad de la fase de estimulación, el varón puede conservar la erección durante algunos minutos después de eyacular. Transcurrido ese tiempo, el pene y los testículos recuperan su tamaño y flaccidez habituales. Los vasos sanguíneos también vuelven a la normalidad y el flujo de sangre se reduce. Por lo general, el varón no consigue excitarse de nuevo hasta transcurrido un determinado periodo, en ocasiones horas.




La actividad sexual de la mujer

A pesar de la gran diversidad de motivaciones y estímulos sexuales que pueden existir entre los seres humanos, el cuerpo femenino experimenta una seria de transformaciones fisiológicas y anatómicas hasta llegar al orgasmo que son comunes en todas las mujeres. El impulso amoroso y erótico en la mujer alcanzan su máxima expresión en el acto sexual que, como sucede en el varón, consta de cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución.


Excitación

Como sucede en el hombre, la excitación se inicia con una caricia, un impulso emocional o un gesto de atracción sexual inspirado en el deseo, es decir, a través de los estímulos psicofísicos del juego erótico. En este caso, además, intervienen otros factores, como la fluctuación hormonal característica  del ciclo femenino. El estradiol es la hormona específica femenina que actúa sobre la libido. 

Algunas mujeres experimentan un rechazo hacia la sexualidad en ciertas fases de su vidas. El dolor sufrido en alguna relación amorosa pasada puede aminorar el deseo sexual. La sensación de dolor durante el coito puede obedecer tanto a factores psicológicos como físicos. Ello se debe a que cuando no se desea mantener relaciones sexuales, el cerebro no estimula al órgano sexual para que éste elabore las sustancias lubrificantes necesarias para facilitar la penetración. Las mujeres que han tenido un hijo recientemente también desarrollan en ocaciones un cierto temor a reiniciar una vida sexual normal.


Meseta

Durante esta segunda fase del acto sexual, la excitación crece notablemente y la vagina continúa aumentando de tamaño, aunque el introito, la parte inferior de la misma, se estreche para poder rodear al pene durante la penetración. Gracias a este mecanismo de sujeción, el pene puede friccionarse correctamente contra las paredes internas del órgano sexual femenino, lo cual incrementa el grado de excitación de la pareja y facilita la posterior eyaculación masculina. A medida que transcurre el acto sexual, el clítoris pierde su erección hasta quedar cubierto por el capuchón clitorídeo. La fase meseta se prolonga hasta el momento en que se produce el orgasmo.

Orgasmo

El orgasmo femenino supone una intensa sensación que se percibe de múltiples formas. De hecho, cada mujer experimenta este clímax sexual de diferente manera, aunque, básicamente, se percibe como la culminación de la excitación alcanzada en la fase meseta. Durante el tiempo que dura el orgasmo femenino, las contracciones de los músculos que rodean la vagina, la vulva y el ano se aceleran extraordinariamente. La mujer no siempre alcanza el orgasmo, ni éste tiene que coincidir siempre con el masculino, lo que tampoco supone ningún motivo de preocupación, ya que la falta de coincidencia no resta satisfacción a la relación sexual.

Resolución

Inmediatamente después del orgasmo, el cuerpo se relaja y la mujer comienza a experimentar un proceso de progresiva normalización en sus genitales. El útero vuelve a su estado de reposo, la vagina recorta su longitud y el clítoris retorna a su posición normal. La mujer, a diferencia del varón, puede conseguir un nuevo orgasmo poco después de alcanzar el clímax.

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